UN POSTGRADO ES UN ARMA DISUASIVA EN EPOCAS DE REDUCCIÓN DE PERSONAL
Las empresas buscan que mejorar su rendimiento y en ese proceso muchas veces atropellan a los trabajadores a los que alguna vez les dieron la confianza y los acogieron de la mejor manera al interior de las mismas. Una manera de optimizar su rendimiento es la conocida política de reducción de costos, lo que generalmente va acompañado de una reducción de personal. Este es un proceso doloroso y hasta traumático en que los trabajadores que en otros tiempos eran piezas claves en el armazón de la organización, son invitados al retiro. Es época de despidos en la empresa y todos echan a temblar, en especial los trabajadores más antiguos, los que no tienen un postgrado y los que no universitarios no titulados, ven la guillotina de muy cerca. Sin embargo los sobresaltos son más o menos constantes a lo largo del año puesto que nunca faltan las llamadas contrataciones “estrella” de las empresas. Estas consisten en la llegada de algún alumno destacado de un postgrado o incluso de personal con más de una colegiatura en su haber. ¿Cómo competir contra esto? La verdad que a la luz de las estadísticas y del movimiento de los mercados laborales actuales, no hay otra forma más que la de ser igual o mejor que la persona que llega rodeada de carteles. Es decir, combatir fuego con fuego.
Cierto es que existen otros factores que influyen en la calidad de un trabajo como la experiencia acumulada a lo largo de los años en la empresa y en específico en el puesto de trabajo en que el trabajador se desempeña, además de la actitud que se tiene hacia la labor que se desempeña, sumándose a esto el nivel de compromiso del trabajador para con su empresa. Las horas extras influyen mucho en esto ya que la mayoría de las medianas y grandes empresas llevan estadísticas rigurosas de las mismas y toman en cuenta esto a al hora de conservar o despedir a un trabajador. La respuesta es entonces ponerse en el mismo nivel competitivo que las “contrataciones estrella” y para esto no debemos esperar a tener el fantasma del despido respirándonos en la nuca, sino que debemos buscar que perfeccionarnos a través de una maestría en nuestra carrera, incluso podemos ir apuntalando nuestro currículo con cursos de idiomas avanzado o capacitaciones de los sistemas que nuestra empresa desarrolle o ya tenga en uso.
Por otra parte, nos enfrentamos a los altos costos que representa la realización de un postgrado, sin embargo hay que enfatizar al decir que debemos ver el postgrado, no como un gasto inútil, sino más bien como una inversión en nosotros mismos ya que estos nos permitirá ser más valioso para nuestra empresa, les costará prescindir de nosotros y lo pensará dos veces antes de invitarnos al retiro. Además no se debe perder de vista otro aspecto: al realizar un postgrado no vamos a igualar a la “contratación estrella” sino que vamos a superarlo pues le llevaremos varios años de ventaja, ventaja que viene enriquecida y fortificada con la experiencia en el puesto de trabajo en disputa. Y, en último de los casos, si aún así somos invitados al retiro por alguna absurda política juvenil de la empresa, siempre tendremos un valor de “reventa” para otras empresas cuando nos toque buscar otro empleo.