LA FACULTAD DE ARQUITECTURA NECESITA DE UN INTERNADO

Encuentro una gran ventaja en las universidades que cuentan con servicio de internado, es más cómodo para todo estudiante, incluso para los que residen en la misma localidad donde se encuentra el centro de estudios en cuestión ya que a veces el traslado puede resultar tedioso en algunos casos más que en otros. Esto es muy notorio cuando el alumno debe hacer uso del transporte público para llegar hasta la universidad.

 

            Recuerdo que cuando estaba trabajando en una empresa de electro domésticos, me topaba en el viaje con un estudiante que hacía la misma ruta que yo en el transporte público. La diferencia era que yo transportaba un portafolio común, y el pobre chico siempre andaba provisto de maquetas, diseños y toda clase de insumos para su carrera que fácilmente se podía deducir que era Arquitectura. En efecto, a raíz del encuentro diario, entablamos amistad y me contó que era estudiante de la carrera de Arquitectura en una conocida universidad que quedaba a poca distancia de mi centro de trabajo. Me comentó que su gran problema era justamente el traslado de su material cada vez que debía presentar un trabajo o realizar alguna exposición ya que su facultad no disponía del servicio de internado. Según lo que me contaba, al menos su universidad tenía casilleros en los que podía guardar el resto de sus materiales de uso común en su carrera, sin embargo lo principal para él era su atril de dibujo y sus lienzos además de sus enormes juegos de reglas y escuadras que debía utilizar para sus trabajos a escala. Me decía que hubiese sido un gran alivio para él que su universidad brindará el servicio de internado para de esta manera poder hacer sus trabajos sin tener que someterse al transporte público con sus consiguientes riesgos. Lo entendí perfectamente puesto que no hacía mucho de conocernos, nos tocó sufrir un pequeño percance durante nuestra acostumbrada ruta, él a sus clases y yo a mi centro de labores.

 

            Era una mañana como cualquier otra y mi amigo apareció en la estación del autobús, venía ajetreado como siempre, con su pesada mochila en la espalda, la cual le tiraba la camiseta hacia atrás desbocando su cuello, en una mano su juego de escuadras y en la otra mano su atril desmontable junto con el cono que le servía para transportar los delicados lienzos de dibujo. La rutina era conocida, llegaba el autobús y yo me encargaba de su atril para que él pudiera subir de manera segura. El día del percance el autobús llegó y nos dimos con la sorpresa que todos los asientos estaban ocupados, por lo que tuvimos que viajar de pie. Veníamos conversando, cuando de repente el autobús frenó en seco, tomándonos por sorpresa. En se momento yo iba mirando de frente hacia el lado del chofer y mi amigo viajaba de espaldas a este, yo pude sostenerme a duras penas de uno de los estribos yendo a girar sobre mi propio eje y cayendo sobre el siento contiguo, ocupado por una señora que se resintió por mi pesada caída, mientras que mi amigo, con menos suerte, no pudo sostenerse y fue a rodar de espaldas hasta el tercer asiento contando desde su posición. En la maniobra mi portafolio voló lejos de mi mano pero pude salvar el costoso atril de mi amigo, por su parte, mi compañero de viaje no tuvo suerte con el cono en que transportaba sus lienzos y este se partió, malogrando su contenido. Al parecer un perro se había cruzado en la ruta de nuestro autobús, lo que motivó la intempestiva maniobra del chofer. A partir de esa fecha le sugerí a mi amigo que al menos, buscara que rentar una habitación cercana a su universidad para no tener que hacer uso de las incomodidades de un viaje n autobús.

Related Posts

Leave a Reply