ESTUDIOS TRUNCADOS NATURALMENTE
Uno no tiene la salud comprada, se puede gozar de buena salud, incluso ser o haber sido un deportista destacado y aún así, cuando la naturaleza ataca, se puede huir pero no escapar. Recuerdo estos pensamientos mientras termino mis estudios de una colegiatura en la universidad y es penoso saber que uno de mis compañeros de carrera no podrá concluir sus estudios debido justamente a los designios de la naturaleza.
Olger fue mi compañero de aulas por espacio de casi dos años hasta que recibió un anoticia bastante desagradable. Fue una semana en época de invierno, lo recuerdo muy bien, el intachable Olger se había ausentado por casi una semana de las aulas sin explicación alguna, su colegiatura peligraba porque su ausencia justamente vino a coincidir con una seguidilla de exámenes y exposiciones que tuvimos en la colegiatura. Nosotros, por nuestra parte, estábamos tan presionados por los estudios en esos momentos que no tuvimos tiempo ni de preocuparnos por la ausencia de Olger. Cuando aquella semana pasó y las aguas se calmaron, fui yo el que se interesó por la repentina deserción de un alumno que podríamos considerar modelo hasta ese entonces. Mi llamada fue atendida por su hermano mayor y su respuesta me dejó más frío que aquel invierno. A Olger le habían detectado el mal de Parkinson. Fue un balde de agua fría. Olger se la pasó toda esa semana en diferentes servicios de salud realizándose innumerables pruebas de descarte. A las dos semanas retomaba la colegiatura pero solamente por una cuestión de amor propio. Según él, solamente pretendía finalizar aquel semestre y despedirse de todos nosotros. Al parecer en poco tiempo su salud se deterioraría y le resultaría imposible sostener el ritmo que llevábamos, además, según sus propias palabras, ya no tenía sentido continuar la colegiatura ya que el deterioro de su salud le impediría desenvolverse con normalidad.
Era un caso atípico el de Olger ya que esta enfermedad generalmente se presenta alrededor de los 50 años, en este caso la enfermedad se había adelantado más de veinte años. Ya desde hacía un tiempo, Olger tenía un ligero temblor en uno de los dedos de su mano izquierda. Sin embargo no le dio importancia y fue a raíz de un examen rutinario de su seguro médico que la sospecha de Parkinson apareció. Pasaron unos días y lamentablemente la confirmación llegó. La enfermedad de Parkinson lamentablemente es incurable pero con medicamentos se puede sostener su terapia, aunque el deterioro progresivo es inminente. Lo más frustrante es que Olger había sido deportista casi toda su vida. Campeón de natación en su escuela durante los últimos tres años, capitán del equipo de baloncesto de la misma y hasta hace poco nuestro más férreo instructor en el gimnasio de la universidad. Resultaba difícil aceptar el diagnóstico. Al finalizar ese semestre le hicimos una gran despedida a Olger, se le veía bien. Han pasado más de dos años desde entonces y aun nos comunicamos de vez en cuando. Ha prometido asistir a nuestra graduación.